IDENTIFICACIÓN, DESCRIPCIÓN Y RELACIONES ENTRE LA INTEGRACIÓN SENSORIAL, ATENCIÓN Y CONDUCTA
Por Oscar A. Erazo Santander
Fundación Universitaria de Popayán, Colombia
Recibido: 18 de agosto de 2015–Aceptado: 7 de octubre de 2015
Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 7(1), 21-48.
Lectura comprensiva- Análisis activo
Extractos del artículo a analizar en este foro:
Introducción
Una de las dificultades que tiene el sistema educativo colombiano es lograr la sincronía entre estudiantes (capacidades sensoriales, cognitivas, afectivas y conductuales), profesores (didáctica, contenido y pedagogía) y contexto (estimulación, número de estudiantes, etc.); sincronía que no es común y en la que emergen problemas de aprendizaje, retraso académico, déficit de atención, impulsividad, indisciplina, conducta negativista desafiante, disocial y problemas afectivos (Torrego y Moreno, 1999, citados en Muñoz Sánchez, Carreras de Alba y Braza Lloret, 2004; Moreno Oliver, 2001; Hutton, 2012; Erazo Santander, 2013a) y según Ruchkin, Koposov, Eisemann, & Hägglöf, 2001 (citados en Muñoz Sánchez et al., 2004), se presentan en el 40% de los estudiantes. Moreno García (2011) propone clasificar estas dificultades como trastornos de la conducta (TC).
Estas irregularidades escolares son descritas en patrones referenciados en el DSM-5 (American Psychiatric Association, 2014), en la sección II, definidos como “trastorno por déficit de atención con hiperactividad” (p. 36) y “trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta” (p. 261), incluyendo el trastorno negativista desafiante (TND) y el trastorno de la conducta (TC) (American Psychiatric Association, 2014). Aunque con diferente denominación, es compatible con la referencia del CIE-10 (Organización Mundial de la Salud -OMS, 1992; Moreno Oliver, 2001; Moreno García y Meneres Sancho, 2011) y con los patrones del trastorno de regulación del procesamiento sensorial, clasificado en la guía paidopsiquiátrica del DC: 0-3R (Zero to three, 2005, citado en Pérez Robles, 2012).
Estos trastornos se explican desde la neuropsicología en sus modelos de integración sensorial (IS), atención y conducta. La IS es un modelo propuesto en la década de los 60 por Ayres (1963, citada en Pérez Robles, 2012; Zimmer, & Desch, 2012; Del Moral Orro, Pastor Montaño y Sanz Valer, 2013), que considera la acción del sistema nervioso central (SNC) en tres procesos: (a) identifica, discrimina y asocia información sensorial, (b) organiza, modula y regula la información sensorial y (c) regula y controla la planeación del comportamiento y su praxis (Ayres, 1972, citado en Buitendag & Aronstam, 2010; Pollock, 2011). Procesos que son el resultado de la activación de los órganos sensoriales por estímulos externos y que son captados y transformados en impulsos eléctricos y químicos con capacidad de crear un umbral sináptico activador de áreas cerebrales, como el cerebro primario (tallo, ganglios, hipotálamo, tálamo, amígdala, cerebelo, etc.), evolucionando a áreas de decodificación e integración (parietal, temporal, occipital), y definiéndose en áreas frontales, pre-frontales y sensorio-motrices, haciendo su retorno hacia la médula espinal con comportamientos cognitivos, conductuales y motrices adaptables al ambiente, adaptabilidad que permite el aprendizaje y habituación entre el SNC y la interacción ambiental (McIntosh, Miller, Shyu, & Hagerman, 1999; Santana Jorge, 2009; Buitendag, & Aronstam, 2010; Pollock, 2011; Zimmer, & Desch, 2012; Del Moral Orro et al., 2013; Egli, & Campbell, 2014).
El trastorno de discriminación sensorial
Es la incapacidad que tiene el cerebro para recibir, identificar y discriminar los estímulos provenientes de los sistemas sensoriales, como el exteroceptivo (vista, audición, tacto, gusto, olfato), el propioceptivo (vestibular, kinestésicos) y los interoceptivos (Polatajko, Law, Miller, Schaffer, & Macnab, 1991). Su déficit no permite el desarrollo de (a) la acción vestibular, (b) la propiocepción, (c) lo táctil, (d) la audición, (e) lo visual, (f) presencia de un déficit gustativo y olfativo.
El trastorno de modularidad sensorial
Es la dificultad para modular y regular los diferentes umbrales activos por los sistemas sensoriales, originando problemas para identificar la información relevante, aprovechar los recursos cognitivos y estructurar la organización, planeación y resolución de problemas (Bar-Shalita, Vatine, & Parush, 2008; Buitendag, & Aronstam, 2010). El déficit genera tres subtipos que son: (a) hiporesponsivo; (b) hiperresponsivo y (c) buscador sensorial.
El trastorno motor de base sensorial
Puede tener dos subtipos, en el primero el individuo se caracteriza por una mala postura, problemas del equilibrio, hipotonía, etc. y en el segundo, existe una desorganización de la conducta, no logrando desarrollar el comportamiento intencional lo que se denomina dispraxia (Díaz Suárez, 2006; Buitendag, & Aronstam, 2010). La dispraxia, se caracteriza por la impulsividad, ausencia de control motor y de lenguaje y con déficit en coordinación de motricidades gruesa y fina (Rasmussen, & Gillberg, 2000, citado en Imperatore Blanche, 2005; Cohn et al., 2011; Kahn Santoro y Richter Espinosa, 2011) y controlar la atención y el comportamiento (Cohn et al., 2011), generando retrasos cognitivos generales (Polatajko et al., 1991; DeGanci, 2000, citado en Pérez Robles, 2012), déficits en matemática, organización numérica, secuencialidad, coordinación y disgrafia (Polatajko et al., 1991; Lázaro Lázaro, 2008), y desajustes de interacción (Imperatore Blanche, 2005; Loux, 1984, citado en Díaz Sánchez, 2006; Buitendag, & Aronstam, 2010; Cohn et al., 2011; Briggs-Gowan, 2006, citado en Pérez Robles, 2012; Fisher, Murray, & Bundy, citados en Medel Caro y Vásquez Vidal, 2007). También presenta alteraciones en la organización del juego, en las tareas y coordinación en conductas de la vida diaria (Kahn Santoro y Richter Espinosa, 2011). Buitendag, & Aronstam (2010) encuentran que tienen déficit para el uso de cremalleras, para definir la lateralidad, el uso de tijeras y torpeza motriz (DeGangi, 2000, citado en Pérez Robles, 2012); el déficit en secuencias y operaciones reduce el desarrollo del pensamiento y de la inteligencia (Beaudry Bellefeuille, 2006), notorios en dislexia y discalculia (Hanft et al., 2000; Lázaro Lázaro, 2008; Lázaro, Blasco y Lagranja, 2010
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